Nodriza gutural



El 17 de julio los Uribe se reunieron en la plaza del pueblo para descubrir el busto de Josefa Martínez, quien durante cuarenta y ocho años había sido la nodriza de la familia. En el acto, oficiado por el párroco, se recordaron los caldos de gallina, los pastelitos de membrillo, las compresas y hasta las técnicas de almidonado con que Josefa adornó a los seis hijos, a los catorce nietos y a los nueve bisnietos que supieron sobrevivir a sus cintazos en la oscuridad.
Hablaba dormido; no se le entendían salvo algunas palabras sueltas, que repetía cada noche. Chino, o bigote, o gato, empezaba a decir muy bajo y subía en volumen y en intensidad, hasta convertirse en algo como un rezo o una súplica, o un discurso enfervorizado. Después, volvía a un murmullo bajo, gutural. Tuvo alguna que otra charla sobre esto que hacía dormido pero jamás supo, ni imaginó, que las mujeres lo dejaban por ello.

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