Viejo Narigón

Había un narigón que la miraba, sentía sus ojos recorriéndola. Era amistoso al hacerlo, miraditas como nalgadas en los glúteos, atrevidas pero desde lejos. Tan desfachatado el narigón que caía simpático mirándole el culo, los que se daban cuenta aprovechaban para mirárselo también. Si total está para que lo enseñe. Para que revuelva los cupones. Ella también se daba cuenta del narigón. Nunca supimos si le gustaba o algo, pero sí sabíamos cómo se paraba, cómo movía las manos o la cabeza, cuando estaba el narigón. Ahora, después supimos de la nariz, del mambo de la mina con la nariz. El narigón era amigo del hermano de Claudio, y él nos contó un día de la mina esta. Después Beto la vio un día con un viejo narigón. Y después la vieron con un viejo más viejo y, claro, más narigón. Las otras minas decían que salía con viejos por la guita, o cosas así, pero no. Era por la nariz, a los viejos se les agranda. Más viejo, más narigón. Era por eso.

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