Si algunas personas son río otras son estanque, pensó. Le gustaba comparar a la gente con el agua. Por ejemplo ya conocía arroyos, cascadas, represas, lo mismo daba una gota de rocío que un charco de zanja. Él ya las conocía. Y eran lo mismo, agua nomás que agua, en alguna de sus formas. De todos modos prefería a la gente río o a la gente catarata, algo más movedizo, pensó. Pero el agua siempre se mueve y cambia, hasta la de un estanque. Y la gente también cambia como el agua y es charco un día y otro lluvia y otro lágrimas o sangre, o jugo de naranja.
Él, era un chorro de agua. Todos y cada uno, catarata o chorrito de la canilla. Donde quiera que haya un chorro él era.
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