Hecho


Los domingos a la noche me meto en el galpón, a oscuras primero, después prendo una vela, y me siento a mirarlos un buen rato. Me imagino lo que podría comprar y nunca compro; hago listas, presupuestos, y me entretengo.
Los viernes es distinto. No es igual, pero para nada. Entro de tarde, cuando en casa todavía no hay nadie, y los empiezo a revolear. Uno por uno los estrello contra el piso y saltan trizas por todas partes. En media hora, el galpón está minado de astillas y pedazos de vidrios y guita, incalculables rollitos de billetes que se escaparon de los frascos de un solo golpe. Miro la plata y no me alcanza.
En cambio, los sábados entro al galpón temprano y con paciencia. A veces enciendo la radio, a veces silbo y me arrodillo. Con movimientos suaves barro el destrozo y pongo  a cada rollito en un frasco nuevo.

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