Me enteré que soy de acuario

Parece que por algunas horas. Estaba mal anotado. Formé una personalidad equivocada bajo las arbitrariedades de otro signo zodiacal.  Pero bajo la superficie, subsistió esa acuariedad, creo, pienso ahora que lo sé. Algo me lo decía, y cuando fue certeza, no me sorprendió del todo. En el fondo fue un alivio. Y mucho de lo que ha venido siendo mi vida, cobró nuevos sentidos.
Por ese entonces yo tenía un cargo destacado en la compañía, por ejemplo. Se me reconocían los méritos, la prolijidad y la buena educación que signaba mis días de aquellos años, cuando era de capricornio. Con mi querida familia y dentro de mi hogar, la situación también era distinta. Yo era más cariñoso, si es que ese era efectivamente yo, quiero decir, soy uno y soy los dos, por supuesto.
¿Cómo sabría cuando ser el indicado? Me sorprendí con voluntades incontrolables, hábitos irreconocibles, incluso reacciones muy deliberadas. ¿De aire o de tierra era? ¿El cielo o la arena… chocolate o frutilla? No todo podía ser lo mismo o dar igual y era en eso, precisamente, que concordaba conmigo mismo, debía encontrar certezas, algo ineludible de mi naturaleza.
La inclinación a lo místico, que siempre había estado retenida por la cabra que me habían impuesto por error, ahora se desató en un torrente de mil formas y significados; horóscopos chinos, egipcios, mayas, tailandeses, runas, tarot, tripas de pollo, llama violeta, todo y más, estallando dentro mío, diversificándome, y completándome, y también enloqueciéndome.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario