Un parapantalla puede convocarse con dos personas, pero se usa hacerlo de a tres. Puede darse la ocasión de que más personas lo hagan, pero existe la posibilidad de que se salga de control. Una sola persona no puede convocar a un parapantalla, puede perder la razón al hacerlo, así que está advertido.
Es preferible que disponga de una mesa y sillas, o almohadones; deben sentirse cómodos. Pueden beber y también comer algo liviano, tipo picada. Pueden hacer más cosas.
Deben tener hojas y algo para escribir, lapicera o lápiz en lo posible. Deben estar predispuestos.
Una vez listos, deciden el modo de circulación de los textos, las canciones que van a escuchar y que medirán, más o menos, el tiempo que escriban, qué disparador van a usar; una palabra, un dibujito, la fotografía de un amigo, un nombre, el olor de alguna cosa, otro.
Y ahí se lo convoca.
Mientras lo hacen, no notarán su presencia; puede darse que experimenten cierta algarabía, puede que a alguno le de sueño y entre como en un estado de trance, puede picarle la cara.
Una vez culminada la escritura, podrán ver allí las huellas del parapantalla. Puede darse en todo el texto, aunque suele aparecer de forma sesgada, fragmentaria. Pero lo cierto es que ahí está, el espíritu impreso, la fotocopia del fantasma, la huella de ese otro que estuvo ahí compartiendo la escritura sobre sus cabezas.
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