Cuando vaya a sacar la basura, ahí lo pueden agarrar. Tengo que ver quién. Que parezca un robo. No sé, por ahí es mejor un accidente, se cae de la escalera o algo, así no hay más gente metida. Cómo ronca, qué hijo de puta. Lo debería ahogar con la almohada.
No sé, tampoco creo que soy capaz de matarlo yo misma, a tiros por ejemplo o de un sartenazo. La escalera puede ser. Envenenarlo. Algún polvito, gotas, esas cosas en el café o en el vino. No voy a caer en cana por este pelotudo, mira como ronca por dios, siempre tratándome como una sirvienta o peor, como a su madre. Mi amor, tráeme la toalla, mi amor, no sabés dónde están las ojotas, pero quién soy yo acaso, un gps con tetas; basta, basta para mi, de alguna forma tengo que zafar. Pensar tanto no me ayuda en nada.
Pero me lo imagino desparramado en el piso, convulsionando con ojos tiesos, saliéndole una espuma espesa por la boca, y tratando de decirme alguna cosa de mentira.
Mejor hago lo que tengo que hacer y rápido. No debe ser tan difícil. Además, la suerte del principiante no puede fallar. Tengo esta tijera que aprieto muy, muy fuerte. Cada vez estoy más cerca. Sin embargo me detengo y sí, pienso. Pienso que quiero verlo sufrir, se merece una muerte lenta; sí, que sufra ese hijo de puta, como sufro yo cada vez que llega de jugar al fútbol, todo transpirado y me agarra y me manosea, y me pone su lengua inmunda dentro mío y encima después ronca, ¡que asco me da! Mejor lo despierto y le hablo, le hablo sin parar, hasta agotar sus fuerzas o las mías. Y lo codeo justo en la herida esa que no cicatrizó nunca. En un rato me encuentro con Martín. ¿Y si me pregunta si ya me lo saqué de encima? Dejalo, me dice, dejalo de una vez, pero no puedo, no me va a dejar, y él es muy cagón para ayudarme con esto. ¿Y? ¿Cuándo lo dejás? Como si no me fuera a cagar la vida después. Lo debería haber empujado por la escalera, siempre se levanta sonámbulo. Por ahí el gas, uh, se apagó la estufa y el durmiendo, yo me levanté por los ronquidos y me fui a ver tele, y me dormí, claro; y nunca más se despertó, pobre. El gas, eso puede ser.
* Este texto es producto de Mancha Parapantalla en Facebook. En el proceso intervinieron nuestros amigos: Sandra Violeta Vallone, Leandro Ferrara, Hilda La Polígrafa, Alejandra Bergues, Leticia Climis.

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