La cabeza no para de bombardearme. Parece como si en mi mente resonara una constante pregunta. Algo explícito, efímero, eficaz; ¿Y? Uno tímido, uno tras otro; ¿y? Fue mucho tiempo después que comprendí la profunda afonía de mi respuesta.
Uno, dos, tres. El tiempo que no se puede explicar. Las pausas no existen pero es relativo. Un segundo es un año y un año es incalculable. Como granos de arena. Es así. Cinco, seis, ocho, diez años pasaron así, ¿Y?, la pregunta sigue, como si fueran segundos y no años, como si todavía fueran esos días y no otros, muchos otros, como si encontrar la respuesta todavía tuviera valor para alguien. ¿Y? Huele a silencio.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario