Menú a la carta: Plato principal
En la casa de Evita se habían puesto a contar anécdotas de restoranes. Y empezó alguna, vos casi no la escuchaste; estabas pensando qué ibas a decir cuando te tocara. En ese momento, cuando terminaste de preguntártelo, supiste, porque siempre decís lo que se te viene primero a la cabeza, que ibas a terminar hablando de tu cuñado. Las tres mejores anécdotas que tenés, las de cabecera, son de tu cuñado. Esta vez elegiste la más de salón y quedaste como un duque. Y te reíste en tus partes favoritas porque hasta a vos te hizo gracia. Hasta fuiste mejor que él mismo contándola. Porque se manda la parte él, en cambio vos, no, porque sos otro, no te podés mandar la parte por algo que hizo otro. Así que queda mejor si lo contás vos que si lo cuenta el engrupido de tu cuñado. Pero eso lo pensaste en la casa de Evita porque no estaba tu mujer. A ella no le gusta que pienses que su hermano es un fantoche.
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