Salió bien, ¿viste? Él la miró con cara de más o menos y estiró la mano llamando un taxi. Subieron. Anduvieron la mitad del camino sin hablarse. ¿Estás contento?, le dijo sin mirarlo. Él hizo un gesto con la cabeza y se mantuvo apático. Continuaron sin hablarse hasta llegar, con tanta naturalidad como quiénes hablan en situaciones similares. Pagó ella y él completó con monedas. Para no sacarle el cambio, explicó. Él sacó la llave y abrió. Ella pasó directo al ascensor. Subieron. Después entraron, y después se acostaron, todo sin hablarse. Ella apagó la lámpara de su lado y se dio vuelta. Me gustó lo del perro, dijo él.
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