Habrá un momento en Peronlandia cuando todos se marchen cantando al río, solo no quedará más que reir mucho, con gusto por aquello inesperado. Pero sin embargo, la guacha insistía y gritó: ¡enhorabuena!
Menos mal que prendimos la hornalla por Perón y Evita, sino caería tan alegre que mi montaña de piedra pomez se volvería una amatista purpurescente, tan libre que asustaría. Sueño recurrentemente espejismos salvajes de fiestas y viajes extraños con personas alegres.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario