1846







Me acerqué a la piscina y me recosté sobre el borde, un pie adentro y otro extendido sobre la piedra mojada. Intentaba recordar fechas clave de la historia. Me hallé repitiendo mil ochocientos cuarenta y seis hasta que perdió el sentido. Y me dormí. Soñé con indios; uno me hablaba, aunque después no pude recordar lo que decía. Mi abuelo me contaba cuando era chico de los indios que estaban ahí, antes que la estancia. Los nativos, le decía él, y decía que con el tiempo la tierra te ganaba, te nativisaba. Me despertó un fuerte olor a ajo quemado. Y después ya no pude dormir más, me quedé ahí entrecerrando los ojos un  rato, y estirando los dedos de los pies, hasta que me agarró frío. Me acordé de todos los días nublados y sentí celos.

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