Estaba la loma, y después no sabía. Mi reacción, esperar lo menos peor. Despacito. Un lento acarreo de las manos, ocupadas, desenroscan el papel del chupetín de coca, mi favorito. Mamá manejaba y confiaba en ella, pero me angustiaba pensar que el próximo valle pudiera ser la muerte. ¿Si se cortaban los frenos en lo más alto de la cresta? Entonces pregunté exactamente lo que estaba pensando, y mis hermanas a coro me contestaron: qué trágica. Mi mamá asintió con la cabeza, y agregó: estos días de viajes juntas fueron geniales; ¿y qué si pasa eso hoy?*
*Este texto fue construido en la seción de Parapantalla con invitados. Agradecemos las palabras de Mabel Godoy, Elisa Vargas y Lucía Pacheco.
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