Ese día
Estaba todo lleno de banderas. Azul, verde y naranja por todos lados. Todos muy bien autóctono o más bien típico. Faltaba que alguien llorase de alegría. Estabas asqueada y me dijiste que mejor tomar algo y rajar pronto, antes que toquen el himno. Y yo te dije que sí. Pero la verdad es que algo de eso me atraía. Y no exactamente el tipo de fiesta. Más o menos por ahí llegó tu amiga, y me la presentaste. Ella es mi amiga. Hola, le dije. Soy Pablito ¿Clavaste un clavito?, dijo ella. Y yo ya me la quería coger. Le aguanté toda la noche esos chistes idiotas y ya de mañana la acompañe a la casa. Fuimos caminando hasta corrientes y Pueyrredón y ahí tomamos el subte. Bueno, vos la conoces bien, es muy cheta; televisor gigante, heladera llena, todo eso. Promesa, me la cojo otra vez y basta. No quiero que sea un gran amor o el recuerdo de una cuento con moraleja. Lo supe desde que me la presentaste que me daba lo mismo. Eso y como que alguien comiera una banana haciendo ruido en el asiento de al lado. Y ahora mi ropa que está impregnada de su olor.
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